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Soledad Ovando, Subgerente de Asuntos públicos en Banco Estado y directora de Base Pública.

En el contexto del mes de la mujer, en The Canvas Group, queremos tomarnos un espacio para conversar con una mujer que admiramos por su exitosa trayectoria y participación en el contexto del emprendimiento y el desarrollo de la microempresa chilena.

Soledad cuenta con más de 20 años en la industria financiera. Durante sus inicios en Banco Estado, fue gerente general del área de Microempresas (BEME) por más de 14 años. Luego, asume el cargo de gerente de pyme, seguido de presidenta del directorio de BEME.

Desde el 2017 se ha desempeñado como Directora en diferentes organizaciones ligadas al mundo del emprendimiento, entre las cuales destacan: Sistema B (2017 – 2019), la ASECH (Asociación de Emprendedores de Chile, 2018-2020) y EmpreDiem (2019-2020).

Actualmente es Subgerente de Asuntos públicos en Banco Estado y directora de Base Pública.

En términos de reconocimientos y premios, ha sido reconocida en varias ocasiones entre las 100 mujeres líderes, ranking que realiza Mujeres Empresarias y El Mercurio. El año 2010 fue distinguida como la Ejecutiva del año, por parte de Mujeres Empresarias y revista Capital.

1. En tu experiencia ¿Cuáles crees que son los principales desafíos que enfrentan las mujeres en el mundo laboral en Chile?

Es una mezcla de variables culturales con algunas estructurales. Cuando digo estructurales me refiero a cómo está construido el sistema y el mercado laboral en Chile.

Para ser bien concreta, hay 4 cosas que son elementales y que se deben de tener en cuenta para abordar el desafío de incorporar más mujeres al mercado laboral en Chile:

  1. La primera es un tema de cuidado. Hoy en día el concepto de la corresponsabilidad es algo que culturalmente no ha sido ampliamente internalizado y todavía se entiende que las labores de cuidado de los hijos, la familia e incluso de los enfermos, así como la mantención del hogar y todo lo que ello significa, pareciera que son funciones cuya responsabilidad pertenece a las mujeres y que los hombres las toman como en lo que “te están ayudando”.

    Esto es un gran tema, porque limita muchísimo las posibilidades más allá de las competencias, deseos, desafíos o las ganas que uno tenga. En pandemia lo hemos visto demasiado. Hay muchas mujeres que no quieren volver a trabajar, no porque no quieran, sino porque no pueden, porque no tienen con quién dejar a los hijos.
  2. Si a lo anterior sumamos otros desafíos, aparecen aspectos tales como la diferencia salarial entre hombres y mujeres que desempeñan el mismo cargo.

    Las mujeres son remuneradas entre un 20% a un 30% menos que los hombres, aspecto que se repite en varios estudios en Chile. Esta diferencia influye en decisiones de pareja, estando entre las más recurrentes la definición sobre quien se queda en la casa para el cuidado de los niños y las labores domésticas. Esto por lo general suele recaer en las mujeres, ya que perciben menos ingresos.

    Dado lo anterior, podemos ver que se juntan variables que impiden el florecimiento del talento de las mujeres, el cual podría estar puesto al servicio de las empresas en la economía nacional.
  3. El tercer punto tiene que ver con la poca participación de mujeres en puestos de liderazgo. En la medida en que la dirección de las principales instituciones y empresas de nuestro país no esté repartida en igualdad de condiciones y en forma paritaria, es difícil que se incluya el punto de vista de aquellas realidades que las empresas, las organizaciones y el Estado deben resolver para que exista un acceso igualitario por parte de las mujeres al mundo laboral.
  4. Por último, están todas las variables culturales, que tienen que ver con cómo somos criadas y cómo criamos nosotros también. En otras palabras, esto es lo que nos enseñan desde temprana edad y que al final genera lo que llamamos “sesgos inconscientes”. Esto se refleja en todo orden de cosas.

    Hay millones de estudios que muestran que muchas veces las mujeres para lograr que su opinión sea tomada en cuenta, esta tiene que ser expuesta por un hombre que otorgue validez. De alguna manera fuimos construyendo estas estructuras sociales y nos convencimos de que las cosas funcionaban así.

    Cuestionar estos sesgos y ponerlos sobre la mesa, es la única forma en que podemos solucionarlo.

En resumen, los desafíos se desprenden de variables estructurales que a su vez tienen que ver con elementos culturales como la responsabilidad del cuidado que afecta en todo orden de cosas. Tenemos la notable diferencia entre sueldos de hombres y mujeres para iguales puestos de trabajos y que probablemente están ligados a las mismas variables culturales que menciono anteriormente. Tenemos la falta de liderazgo femenino, que ayudaría muchísimo para mostrar la potencia del talento de la mujer y lo necesario que es la combinación de ambos talentos en una organización. Y por último, lo que llamamos “sesgo inconsciente”.

Las mujeres somos el 50% de la población. Cuando no hay equidad, no hay igualdad en la participación en el mercado laboral entre hombres y mujeres. Hay una gran parte del talento de la humanidad que los países y en este caso Chile, se están perdiendo.

2. ¿Cómo ves el espacio de la mujer en el mundo del emprendimiento?

En este mundo que vivimos el emprendimiento es una tremenda oportunidad para la autonomía económica de las mujeres.

  • En primer lugar, mientras no cambien las variables más estructurales y culturales de fondo dentro de nuestra sociedad, el emprendimiento nos permitirá articular mejor nuestro tiempo.
  • En segundo lugar, porque nos da la libertad para decidir cómo y cuándo poner en juego nuestros talentos.

En chile, un poco menos de la mitad de los emprendimientos son liderados por mujeres. El gran desafío que tenemos hoy es ¿Cómo hacemos que estos crezcan con la misma velocidad que pueden crecer los emprendimientos de hombres?

Si uno mira la participación según el tamaño del emprendimiento, uno se encuentra que las mujeres están mayoritariamente representadas en el mundo de la microempresa. En la medida que consideremos las empresas de mayor tamaño, el número y la participación de la mujer va disminuyendo.

Sin embargo, sigo creyendo y soy muy optimista respecto de la potencialidad que tiene el emprendimiento como una herramienta maravillosa para la autonomía y el empoderamiento económico de las mujeres. Cada vez vemos una mayor participación de mujeres en áreas fuera del rol tradicional.

Encontramos demasiado emprendimiento en los sectores que son tradicionalmente vinculados a las mujeres, por ejemplo: temas de comercio, manufactura, todo el ámbito textil, que pueden ser muy buenos negocios. La gran diferencia hoy en día es que también estamos viendo como mujeres entran en los espacios de la ciencia, la tecnología y lo están haciendo súper bien.

Todo esto me hace pensar que el emprendimiento es quizá la herramienta más poderosa en el presente para que las mujeres logremos la tan ansiada autonomía económica, que no significa estar en contra el hombre para nada, sino que significa poder tener tu espacio de libertad como se merece cualquier ser humano dentro de nuestra sociedad.

3. ¿Qué desafíos crees que tenemos como sociedad y a nivel de organizaciones para fomentar el emprendimiento femenino?

Me parece que un tema central es empezar a sociabilizar y trabajar el espíritu emprendedor de las mujeres, es decir, empoderarlas y animarlas a que se atrevan. Mostrarles que los espacios de emprendimiento no están limitados a cuatro o cinco rubros tradicionales.

Si hoy miramos la distribución de los emprendimientos femeninos, veremos que mayoritariamente están en rubros que son extensiones de las labores del hogar. El punto es que en general estos rubros no siempre son los más rentables, lo que no significa una falta de talento por parte de las mujeres, si no que mas bien, les hemos ido mostrando como sistema que a lo mejor es más fácil desempeñarse ahí.

Dado lo anterior, yo siento que el desafío actual se relaciona con que tenemos que empezar a abrir los espacios de empoderamiento, hacer brillar los talentos, atreverse a estar en industrias que no son consideradas como industrias tradicionales y que muchas veces son muy lucrativas y rentables, donde las mujeres lo hacen muy bien. El desafío es poder entregar las herramientas para que aquello sea posible.

Otro de los grandes desafíos, tienen que ver con: el conocimiento, gestión y generación de redes. Las mujeres que han estado tan sumergidas y preocupadas por su familia, se ven enfrentadas a tener que expandir su capacidad de redes para hacer crecer su negocio.

Un tercer elemento tremendamente relevante tiene que ver con el financiamiento y el acceso a servicios financieros. Hay varios estudios, el último hecho por Eric Parrado, que han mostrado que existe una discriminación basada en sexo inconsciente en el sistema financiero, provocando esto que a las mujeres no se les otorgue financiamiento con los mismos parámetros que a los hombres.

Este sesgo es subjetivo, y por eso hablamos de sesgo inconsciente, que finalmente no tienen que ver con la política crediticia, sino que tienen que ver con algo histórico. Es por esto, que las organizaciones pueden hacer cosas para enfrentarlo, como por ejemplo preparar a sus trabajadores que están en la línea atendiendo a las mujeres en los temas de financiamiento. A mí no me cabe la menor duda que ninguna de las personas que está ahí atendiendo mujeres en el mundo financiero tienen una mala intención al respecto, sino que arrastra los factores culturales que tenemos en nuestra sociedad.

4. ¿Cuáles crees que fueron los efectos de la Pandemia para el emprendimiento chileno? ¿Cómo crees que debemos enfrentar estos desafíos?

La pandemia fue bien dramática para la participación laboral de las mujeres en Chile. De hecho, todos los datos muestran que llegamos a un nivel cercano al 42% e incluso hasta el 35% de participación laboral en Chile después de haber estado por sobre el 50%. Lo que representa, haber retrocedido casi diez años en lo que habíamos trabajado durante tanto tiempo como país respecto a la igualdad en el acceso al trabajo.

Yo creo que las mujeres emprendedoras se vieron afectadas con todos los vaivenes que sufrió cualquier emprendedor en este tiempo, que tienen que ver con la transformación de sus canales de comercialización por los efectos del confinamiento. Sin embargo, esto también representa que se han abierto algunas oportunidades que se transforman en ventaja para las mujeres. La irrupción de la digitalización en la población, que llega acelerada y de manera forzada, ha abierto canales de comercialización que evidentemente hacen “un poco más fácil el poder emprender para las mujeres”.

Por otro lado, esta digitalización ha hecho posible que el acceso a las redes y al conocimiento sea un poco más fácil. Hoy día estamos a solo una inscripción en un link de estar en los mejores seminarios (que en general son gratuito) con temáticas de gran importancia para el mundo del emprendimiento y que probablemente hace un tiempo atrás veíamos como muy lejano este tipo de acceso. Actualmente comunicarse es un poco más fácil, porque basta con que logres 20 o 15 minutos de alguien a través de una videollamada para generar contactos y redes.

Yo creo que, si hacemos la lista, a pesar de todo lo terrible, agotador y cansador que ha sido este tiempo por tener que estar conviviendo en un mismo espacio con la labor y con el cuidado de la casa. Sin duda para el mundo del emprendimiento se abrió un espacio de oportunidades y hoy día las mujeres tienen que aprovechar todas las opciones que la tecnología les está dando para poder soñar más lejos de lo que soñaban antes la pandemia.

5. ¿Qué consejos le darías a aquellas mujeres emprendedoras que están empezando sus proyectos?

Primero, cuando tomaron la decisión no saben lo valiente que fueron. Si en el minuto que decidieron emprender sintieron algo en la boca o en el estómago; quiere decir que de todas maneras tienen el ADN emprendedor.

Quiero decirles también que el emprendimiento es bonito. Te da la libertad de pelear por tu sueño, de decidir tú destino, pero no es solamente eso. Como me dijo alguna vez un amigo muy querido, “Emprender es un 20% por ciento de pasión y un 80% por ciento de transpiración”. Requiere mucho trabajo, esfuerzo y disciplina por detrás. Esto nunca lo deben olvidar; no es solo empuje, a pesar de ser una variable muy necesaria e indispensable. Hay muchas cosas que aprender: temas financieros, contables, comerciales, mapeos, cómo prospectar un mercado, etc.

Cuando hablo de “la transpiración”, lo menciono como un aspecto bonito. Cuando uno siente que está así, que se está dejando llevar por sus sueños, por lo que el corazón te dicta; genera este sentimiento de cosquillitas en la boca o en el estómago.

Quiero decirles que no se cierren a ninguna posibilidad. No hay ningún ámbito que esté restringido para que una mujer pueda emprender. No escuchen cuando les digan “En eso no te metas porque es de hombre”, porque no hay absolutamente ningún ámbito de la vida económica donde una mujer no pudiese hacerlo bien. El secreto es súper sencillo: mucha pasión, con mucha disciplina, preparación y trabajo.

Los temas que hemos hablado durante la entrevista, de alguna manera son las cosas que han ido poniendo trabas para que las mujeres progresen en el emprendimiento. Conozco demasiadas emprendedoras que han tenido mucho éxito; no hay una sola que no me haya hablado de un trayecto lleno de trabajo, fuerza, perseverancia y resiliencia. Finalmente, el fruto de todo esto se cosecha cuando les empieza a ir bien en su negocio.

Para resumir y finalizar: mucho ánimo para las emprendedoras, mucha convicción, mucha perseverancia, mucha resiliencia, mucha capacidad para salirse de la caja, pero también mucha disciplina.


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